Puestos a pedir que no quede. Tal es la magnitud de mi patología inexistente y tantas veces fingida que la negación de mi propio yo es la confirmación absoluta y fehaciente de que sí, efectivamente, vivo, y por algun mecanismo de autoflagelación, osteoporósis y acto reflejo, en ocasiones respiro y aspiro polución. Viviendo cada momento como si no fuera el único. O el último. O en este preciso momento.
El continuo cambio, las fluctuaciones, el huracán que azota mi ambigua ciudad, mi obrero barrio, la tempestad que arrastra mis días hacia el fin del mundo, en el cual espero estar presente y no de fiesta, comiendo caramelos pez, no son óbice para prestarle atención a los detalles mas pequeños de vidas propias y ajenas. La gente de vez en cuando, tal vez creyendo que no les miras, se hurgan la nariz, se acarician efusivamente las gallinejas o tienen una pequeña consideración para consigo, o interesadamente para los demás. Eso es algo a lo que yo me sumo. Muy de vez en cuando. A veces, solapado entre varias corrientes, aún mi bigote sabe a tus testículos.
Inicié un camino oscuro, una ruta hacia un invisible e inevitable destino. Como no, la muerte no dejaba de ser una quimera a la que yo me aferraba mientras mis heridas se curaban sin remedio. Intenté seguir luchando por ser un infeliz y por casi lo consigo, trabajé muy duro por labrarme la peor reputación posible y ser un apestado, tocar fondo. Pero ni por esas. La vida no se dejaba meter mano por ningún sitio, así que me hice una paja de mierda y el placer me mantuvo entretenido un rato hasta que por fín caí rendido. Si pensaba ver al demonio entre las sombras, al final no encontré mas que la patética visión de mi mismo, en bolas, esgrimiendo una sonrisa vacua y llena de contradicciones.
Me adentré en el fango, ya de mierda hasta las cejas, hice lo posible por no escuchar a nadie, ni siquiera la voz que resonaba entre mi estómago y las pelotas, un lugar llamado diafragma de donde dicen, la gente que canta, sale el sonido más puro. Pero todo fue inútil, un golpe de vista, un descuido y otra vez puesto en el mundo, en este miserable lugar donde nada he de hacer, ni siquiera como un puro espectador, especulando con los desenlaces del resto de miserables e interesantes existencias de los cariacontecidos transeúntes y transhumantes.
Si fuera yo lo sabría
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