
El viernes nos deparó una parafernalia típica de cuando cumples 18 años. Todo un castizo tabernario con un grifo particular de floja Heineken y un montón de invitados desconocidos a los que al parecer debíamos rendir tributo. Yo me mosqueaba (y con razón) cada vez que me presentaban una dama bajo mi ridículo e infantil mote. A pesar de mis múltiples intentos por ser conocido en sociedad por mi nombre de pila (Carlos) aquella tarea fue imposible. Tanto que desistí y empece a reirme lo que pude de los allí presentes, todavía descentrado por la pérdida de mi empleo y la pegada de carteles entre latas de anoche. Habida cuenta de esta absurda situación sin un duro en el bolsillo durante toda la noche y ya bastante perjudicado decidí subirme a un teki que curiosamente pasaba por Cibeles. El resto de la semana, entre películas propias de un parásito social, canciones de Wolf Parade y son cubano y esperanzas renovadas puesto que el próximo martes vuelvo a la actividad y ya he cobrado un miserable finiquito que me mantendrá vivo provisionalmente. Será el comienzo de mi tan soñada pseudo-felicidad? Atentos porque habrá noticias
No comments:
Post a Comment