
(Mientras oigo "Todo nos parece una mierda (Astrud)", sincero homenaje a los Magnetic Fields)
Seré breve, conciso y cambiaré por una vez y sin que sirva de precedente, de estilo literario y aparcaré hasta el año que viene la redimelancolía.
Dia 23: Una semana exacta después de que me confirmaran que iba a formar parte del equipo de Deloitte de forma provisional por una respetable cantidad de pasta, esperando la confirmación definitiva de mi fecha de incorporación, tras dos atípicas entrevistas, es otra empresa y no ésta la que decide que me incorpore a su plantilla, donde tengo un amigo que me facilitará la adaptación al medio y me pondrá al corriente de lo que se cuece. Inconveniente: ir de pingüino. Ventajas: Estabilidad incierta, amén de compartir edificio con gente conocida y algun que otro colegón.
De otro talante y maneras, contacto con mi amigo Felix (a.k.a. Technowarrior) y ponemos rumbo al nuevo chozo de Otto Rij, ya saben, protección oficial, buena apariencia, regular remate y precios populares. Lo que iba a ser una reunión íntima de viejos compañeros de instituto acabó conviertiéndose en un macrofestival bastante rude donde en el que mas de 15 personajes irrumpieron en tan ilustre morada: skins hintxas del Depor (botas de las guapas, de las que ya no encuentras), canciones de míticos dibujos animados de principios de los 90, hermanos de otros ilustres habitantes de Rivas que nunca hubiera asociado, componentes de la banda mencionada en el anterior post y de los tremendos Falkon Kresta (habitantes y estudiantes algunos de mi humilde barrio), fans del Grandpomier... que te voy a contar, una estupenda miscelánea selecta y granada. El pedete era inevitable y el anfitrión, insuperable.
Dia 24: Ese día tan especial en el que no hay taxis ni autobuses de línea, en el que hay reuniones que desmembran familias, compromisos, hipócritas, borracheras, indigestiones cuando no axfisias por langostinos que se van por el lado equivocado y en el que se generan mas kilos de basura por habitante que cualquier otro día. En otro orden de cosas, el queso y el choricillo nunca fallan, los langostinos siempre cumplen su misión, la crema de calabacín escandalosamente buena y la merluza suspenso. Como nunca llego a los mazapanes, bombones de coco y demás dulces evité el colapso. Compartí de manera habitual la noche, es decir, con Angie, bebiendo gin-tonic y cantando karaoke y yéndome al hogar al alba sabiendo que aquellos que dejaba tras de mí eran eventualmente felices. Y eso me hizo feliz.
Día 25: Marcado por el habitual cosquilleo precontrato y otra ingestión desmesurada, esta vez de pulpo a feira, el día se fue entre insomnios, siestas y perreos, la mejor manera de pasar este día tan gilipollas. Es decir, como si nunca hubiera sucedido.
Dia 26: Ya formo parte de este grupo. A toda prisa. El viernes estaré sólo. Un compañero encantador. Hola y adiós, mañana no estará. Mucho café, mucho detallismo, la tranquilidad propia de estos días previos al fin del lustro. Buen humor y esa calidad humana que sale a relucir en estas fechas. Se agradece. Como tambien esos documentos audiovisuales de don Alberto a los que no puedo dar aún crédito.
Día 27: Paseo. Me pierdo entre puertas de incendio y despachos. Aún es pronto para hacerse conjeturas pero el día se me hace mas corto que en Azca. Mi cabeza no puede deglutir tanta información. Dejo que el mundo siga su curso.
Dia 28: Hoy es el cumpleaños de Borg. No me lo coge. Veo a mi socio de Cadena ESTAR, compartimos risas, inquietudes y cotilleos en el lugar que nos vio nacer, allí donde las paredes no oyen. Nuestras situaciones en la vida distan de ser cómodas y seguras pero afortunadamente no podemos hacer nada por evitarlo. Somos los jefes.
PD: Gracias no lleva tilde
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