
Hay que creer. Hay que tener esperanza. La superposición de los acontecimientos es peor que la ausencia de ellos. Suele pasar que cuanto mas guapa es tu novia mas bellas y cachondas son tus pretendientes. Por otro lado, cuanto mas te comes los mocos mas a la legua se te ve que eres un muerto de hambre. Incongruente o no, científicamente testado o no, ahí está y todo el mundo lo sabe. Por eso ahora me encuentro en una terrible encrucijada entre lo que está hecho, que será corto, intrascendente y resolutivo, entre el futuro a largo plazo, estable y estancante y la quimera de oro que me requiere como segundo plato tras haberme dado calabazas anteriormente. Así pues, no se por donde decantarme aun sin tener nada fijo. Y no hablo de mujeres, pues ese es un tema demasiado problemático para ser tratado a la ligera. El sábado llegó una remesa, una caravana de mujeres, flores de otro mundo. Era un pack de seis latas. Yo no quería consumir, fue decepcionante, me entró prisa y miedo. Pero al fin y al cabo sólo estaba ahí por casualidad. Porque una pieza de cristal implosionó en la cocina de un colega cuando notó las vibraciones de una persona que por allí pasaba así sin más, sin motivo aparente. Entenderán los vasos de estados de ánimo?
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