Monday, June 13, 2005

Me enamoré de una bruja

Necesitaba recuperar mi mariconera con la tarjeta de mi móvil y el mp3. Tenía que ir al Truko a recogerla. Tras una pequeña discusión nada acalorada pero si definitiva con Mon sobre los presos vascos, fui a una terracita que andaba cerca del Ipanema. Bastante gente extraña ví. Me vieron que traía cara de perro. Estaba Adolf con su novia, una de esas que se frotan frente a la tele cuando ve aparecer a Iker Casillas o Guti, un irreconocible Shak y una mujer difícil de clasificar. Además, los consagrados Bitxu, Patri, Men y Merie. Gäel(preservaré su auténtico nombre), no dejaba de vacilar, a mí, a los camareros de la terraza, a propios y a extraños. Y yo decía "Quien será esta tipa de 36 años que comparte mesa con nosotros". Vestía una bonita blusa con abertura en las mangas toque hindú y pantalones de pintor. Cuando entró en casa del Men no quería atravesar la puerta del cuarto de Lucas, tampoco la de Merie. ¿Por qué? Había mucha gente, demasiados espíritus, mal rollo. Gäel no llevaba sus instrumentos de trabajo, tan sólo dos piedras que la acompañan a todos los sitios. Se ofreció a limpiar la casa (de espíritus). Merie se comportaba como una perfecta idiota, fingiendo un miedo que me parecía absurdo. Yo estaba completamente fascinado por aquella bruja que me sugería que colocara vasos con sal gorda y velas blancas en los rincones de mi casa. Ella notaba la fuerza. De repente sus manos empezaron a desprender calor ante la atónita mirada de los presentes. Shak ya no articulaba palabra. De hecho se tiró un sonoro pedo que dejo a las chicas completamente asqueadas. Men y yo no parábamos de reirnos y de pedirle que se tirara otro. La marihuana de los incondicionables había surtido efecto. Aquella casa llena de espíritus, aquella intrigante mujer que me invitaba a quedarme... sonaba sexy. Estaba embrujado.

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